Esto lo cambia todo

Artículo Enrique Pañeda  publicado en Asturias24 en noviembre de 2015

La activista canadiense Naomi Klein ha publicado recientemente un libro bajo el título “Esto lo cambia todo, el capitalismo versus el clima” que es el resultado de varios años investigando exhaustivamente la relación entre el funcionamiento del capitalismo y sus efectos sobre la vida en nuestro planeta. Cuando dentro de unos días se abra en París la Cumbre Mundial del Clima bajo los auspicios de la ONU el título del libro servirá también para recordar que los atentados recientes pueden condicionar el desarrollo de esa cita si las autoridades francesas impiden la amplia movilización ciudadana prevista, uno de los elementos imprescindibles para frenar la deriva suicida del cambio climático.

Enrique Pañeda

Enrique Pañeda

Los informes de la comunidad científica internacional señalan inequívocamente que estamos jugando a la ruleta rusa permitiendo que las emisiones de CO2 continúen aumentando y que, por tanto, si queremos estabilizar la temperatura media del planeta a lo largo del siglo para que no supere en 2º grados el promedio de la era preindustrial, las emisiones globales deberían reducirse un 40% desde sus niveles actuales para dentro de 20 años y un 80% para el año 2050. La importancia de lo que está en juego puede quedar resaltada si aceptamos que el más destacado acontecimiento del ultimo siglo no fueron las guerras mundiales, la guerra fría, la Gran Depresión, los derechos civiles o la llegada a la Luna si no el hecho de que nuestra especie se convirtió en la impulsora de los cambios en la biosfera, el espacio donde existe la vida.

Quizá por eso la cita de París se presenta tan cargada de responsabilidad y nadie quedará al margen de sus resultados. Otros acontecimientos ocuparán los titulares de los medios de comunicación pero nada puede rivalizar con los contenidos de esta cumbre desde la perspectiva del futuro de nuestra especie. La mejor evidencia científica disponible nos indica que todavía estamos a tiempo de evitar los peligros del cambio climático pero la ventana de oportunidad se está cerrando rápidamente. Por ejemplo, el dióxido de carbono en la atmósfera ha cruzado el umbral de las 400 partes por millón y los científicos estiman que nuestro límite para un clima estable debería estar alrededor de 350 partes por millón. Y recientemente se ha anunciado que la temperatura media de la Tierra está ya 1 grado por encima de los niveles pre-industriales, justo la mitad de los 2 grados acordados por los líderes mundiales en 2009. A esta temperatura existen fuertes evidencias de que algunas partes de la Antártida se están desestabilizando. Y el cambio climático tiene también implicaciones en la guerra civil de Siria: las sequías de los años 2007-10, que pueden repetirse en la región si aumentan los gases de efecto invernadero, supusieron migraciones masivas a las ciudades que contribuyeron a las protestas y la inestabilidad política.

Rollos de hierba en los alrededores del cabo Peñas

Rollos de hierba en los alrededores del cabo Peñas

Los obstáculos que impiden un progreso en estos objetivos no son desdeñables. La industria de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) está en el punto de mira de cualquier estrategia solvente para reducir emisiones de CO2 y es bien conocido el músculo económico, financiero y político de sus principales empresas. Un estudio reciente impulsado desde la London School of Economics examinaba los activos actuales de las 200 compañías más grandes dentro de esa industria y estimaba que entre un 60 y un 80% de las reservas de carbón, petróleo y gas son incombustibles dentro de los objetivos de reducción de emisiones. Supondría una pérdida de 3 trillones de dólares en los próximos veinte años y en promedio unos 150 billones de dólares por año. Como contraste, en la burbuja en el mercado de la vivienda de los Estados Unidos y el subsiguiente colapso financiero, los propietarios de hogares en ese país perdieron 16 trillones de dólares en el valor de sus activos solo en 2008. Quizá por esto importantes inversores como el conocido Warren Buffett anuncian cuantiosas inversiones en compañías de energía solar y eólica y crece con fuerza un movimiento desinversor en las industrias de combustibles fósiles liderado por fundaciones, universidades, organizaciones religiosas y municipalidades que, según la web Fossil Free, suman ya 465 instituciones cuyos activos totales alcanzan los 2,6 trillones de dólares.

Esa necesaria transición hacia las energías limpias y la eficiencia energética cuenta también con aliados para perseguir las metas de la justicia climática y la vida decente en nuestro planeta. La ciencia es uno de ellos porque la comunidad científica ha ganado la batalla de la credibilidad y hoy pocos discuten los efectos de la acción humana sobre la biosfera. Y así, los Objetivos del Desarrollo Sostenible recientemente aprobados en la cumbre de la ONU ( acabar con la pobreza,  descarbonizar la economía mundial, detener la pérdida de biodiversidad y proteger las masas forestales de la Tierra) están claros y alineados con la ciencia. El conocimiento aplicado a la industria es otra gran fuerza transformadora. Si las leyes de Moore describen como la velocidad de los procesadores en los ordenadores se duplica cada dos años necesitamos que esa tendencia se pueda aplicar a sectores amplios de la economía para que esta cambie radicalmente en las próximas décadas. En el caso de España, por ejemplo, las inversiones en eficiencia energética y en renovables reducen emisiones y nuestra dependencia del petróleo importado y generan empleo de manera muy apreciable.

[Tweet “Hace falta apoyo social contra el cambio climático”]

Existen signos esperanzadores de que estas transformaciones están en marcha. Suecia, por ejemplo, está planteándose ser el primer país libre de industrias fósiles para el año 2030. Copenhague ha anunciado que estará libre de industrias fósiles para 2025. El Reino Unido tiene una ley del clima legalmente vinculante para reducir un 80% las emisiones en 2050. Lo que nos lleva a un requisito fundamental para impulsar esta transición que todavía no ha llegado a ese umbral crítico a partir del cual ya no hay retroceso posible. Me refiero al apoyo social y político proporcionado por una ciudadanía formada e informada para la que el objetivo de una vida decente aquí y allí requiere un cierto grado de compromiso y participación en la vida pública. Y para estos próximos días en la capital de Francia las autoridades harán bien en respetar las movilizaciones ciudadanas en la Cumbre del Clima porque son imprescindibles si queremos vencer las resistencias que impiden una vida segura en un planeta habitable.

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