Pirámides, mausoleos, arcos de triunfo… y regasificadoras

Artículo de Enrique Fernández, Miembro de Los Verdes Asturias y de la Mesa de Coordinación de EQUO.

 

La planta regasificadora de El Musel está en la lista de proyectos megalómanos sin utilidad alguna promovidos en la locura de los últimos años anteriores a la crisis económica por el PSOE con el apoyo del PP; y al menos en este caso concreto, también de IU.

La Historia de la Regasificadora de El Musel en Gijón

La planta no estaba incluida en la planificación del sector del gas porque ya existían dos (Ferrol y Bilbao) en el el Cantábrico y estaban funcionando muy por debajo de su capacidad. Los poderes fácticos de la construcción, el metal y la energía vieron en ella una oportunidad de hacer dinero con su construcción; enseguida se sumaron con entusiasma sectores sindicales y políticos, encabezados por el gobierno de Vicente Álvarez Areces, quien presionó al Estado para que la incluyese, añadida a posteriori, a la planificación.

Regasificadora sin gas

Y la obra se hizo, al igual que los aeropuertos sin aviones y los superpuertos sin barcos, con nuestra oposición y denuncia. Llevamos la autorización otorgada en diciembre de 2008 a los tribunales. Mientras se dirimía el pleito, la Comisión Nacional de la Energía hizo público un informe en el que afirmaba que era mejor no poner en funcionamiento la regasificadora, de la que sólo se habían construido dos depósitos, por no ser rentable. El informe de la Comisión de energía puede descargarse en este enlace.

Ni siquiera podrá funcionar, porque necesita un consumo mínimo alto (gasificar mucho gas) para poder generar el frío necesario para mantener el gas almacenado licuado. Es decir, al pasar una parte del líquido almacenado a gas se absorbe calor del líquido restante y se mantiene frío y licuado.

Finalmente la justicia nos dio la razón, pues la trampa de la Regasificadora es clara, lo acredita la sentencia: se solicita con un reglamento en vigor, el de actividades molestas, insalubres, nocivas y peligrosas, y cuando se alega que dicho reglamento no permite ubicarla a menos de 2Km de Gijón, se cambia de urgencia la ley, sin contestar a las alegaciones. Pero la legislación aplicable es la que estaba en vigor cuando se tramitó.

Se puede consultar la sentencia en este enlace. También puedes descargar la sentencia completa en este otro enlace.

¿Dónde está el negocio?

Gracias a la legislación energética aprobada por el gobierno de Aznar, las empresas tienen derecho a que se repercuta en los recibos los costes en los que incurran, aunque sean innecesarios. De este modo de 2012 a 2014 la regasificadora inútil de El Musel costó 76 millones de euros a las personas consumidoras de gas, un dinero que pagamos todas en el recibo de gas, para sufragar una instalación que no funcionará, que no sirve y que costó 380 millones de euros. Es un premio a la mala gestión que ha ido a parar a manos de empresas del gas, constructoras y sus amigos políticos luego recolocados en esas mismas empresas. Seguiremos pagándolo en años venideros. Y además pagaremos el gasoducto que se está construyendo pese a todo, para nada.

¿Por qué no debe estar cerca de Xixón esta planta?

Un accidente afectaría a decenas de miles de personas en la ciudad. El gas está a menos de 100 grados bajo cero para mantenerse licuado. El escape congelaría cual bomba de frío un espacio circular algo inferior a los dos kilómetros de radio. Una vez que el gas natural fugado vuelva a estar a una temperatura suficiente y mezclado con el aire, cualquier chispa produce su ignición y una explosión colosal. El resultado es terrorífico. Se empeñaron en ubicarla en El Musel para justificar las obras del superpuerto (sin barcos), otra colosal estafa a la ciudadaní, y con la excusa de unas centrales térmicas de gas que nunca se harían.

¿Por qué es un modelo obsoleto?

Se basa en la quema de combustibles fósiles, incrementando el carbono atmosférico responsable del cambio climático. Existen alternativas energéticas viables, sostenibles y no peligrosas que están siendo bloqueadas políticamente por mandato del lobby petrolero, gasístico y eléctrico.